Aparece no Renacemiento como causa da creencia en que o home era centro do mundo.
O beatus ille é un tópico literario, que traducido literalmente significa ''dichoso aquel que...''. Compara e alaba a vida do campo ante a corrupción da cidade. Tamén expón que a vida na cidade é perigosa, polo que é preferible a vida do campo. Neste tópico se idealiza o campo como a natureza perfecta e tranquila, e algúns autores incluíron elementos mitolóxicos, sobre todo da antigüidade grecolatina. Sen embargo, a característica principal de este tópico nas obras renacentistas é a descripción da armonía do campo afastado do caos da civilización.

A la vida retirada (Fray Luis de Leon)
Qué descansada vida/ la del que huye del mundanal ruído,/ y sigue la escondida/ senda por donde han ido/ los pocos sabios que en el mundo han sido/
Que no le enturbia el pecho/ de los soberbios grandes del estado,/ ni del dorado techo/ se admira, fabricado/ del sabio moro, en jaspes sustentado./
No cura si la fama/ canta con voz su nombre pregonera,/ ni cura si encarama/ la lengua lisonjera/ lo que condena la verdad sincera./
¿Qué presta a mi contento/ si soy del vano dedo señalado,/ si en busca de este viento/ ando desalentado/ con ansias vivas, con mortal cuidado?/
¡Oh monte, oh fuente, oh río!/ ¡Oh secreto seguro deleitoso!/ Roto caso el navío,/ a vuestro almo reposo/ huyo de aqueste mar tempestuoso./
Un no rompido sueño,/ un día puro, alegre, libre quiero;/ no quiero ver el ceño/ vanamente severo/ de a quien la sangre ensalza o el dinero./
Despiértenme las aves/ con su cantar suave no aprendo,/ no los cuidados graves/ de que es siempre seguido/ el que al ajeno arbitrio está atendido./
Vivir quiero conmigo,/ gozar quiero del bien que debo al cielo,/ a solas sin testigo,/ libre de amor, de celo,/ de odio, de esperanzas, de recelo./
Del monte en la ladera/ por mi mano plantado tengo un huerto,/ que con la primavera/ de bella flor cubierto/ ya muestra en esperanza el fruto cierto./
Y como codiciosa/ de ver y acrecentar su hermosura,/ desde la cumbre airosa/ una fontana pura/ hasta llegar corriendo se apresura./
Y luego sosegada/ el paso entre los árboles torciendo,/ el suelo de pasada/ de verdura vistiendo,/ y con diversas flores va esparciendo./
El aire el huerto orea,/ y ofrece mil olores al sentido,/ los árboles menea/ con un manso ruïdo/ que del oro y del cetro pone olvido./
Ténganse su tesoro/ los que de un flaco leño se confían:/ no es mío ver el lloro/ de los que desconfían/ cuando el cierzo y el ábrego porfían./
La combatida antena/ cruje, y en ciega noche el claro día/ se torna, al cielo suena/ confusa vocería,/ y la mar enriquecen a porfía./
A mí una pobrecilla/ mesa de amable paz bien abastada/ me baste, y la vajilla/ de fino oro labrada/ sea de quien la mar no tema airada./
Y mientras miserable-/ mente se están los otros abrasando,/ con sed insaciable/ del no durable mando,/ tendido yo a la sombra esté cantando./
A la sombra tendido/ de yedra y lauro eterno coronado,/ puesto el atento oído/ al son dulce acordado/ del plectro sabiamente meneado./